martes, 12 de agosto de 2008

Si Punset nunca hubiera hablado...

Todavía recuerdo cuando llegaste a casa después de tu primer día de trabajo en el parking. Yo estaba medio dormida y tú entraste con cuidado para no despertarme… te oí dar un par de vueltas por el piso, a oscuras, supongo que terminando de colocar en su sitio todo aquello que querías dejar listo antes de irte a dormir, y sí, me despertaste, pero no me importó; darse cuenta de tu presencia no puede ser nunca algo molesto.
Te acercaste a tu lado de la cama sigilosamente, pude notar cómo te quedabas unos segundos de pie, quieto… ¿mirándome quizás? Eras tan atento… Yo estaba tumbada mirando hacia ti, y al ver que algunos mechones de pelo me cubrían la cara no te dio miedo encender la luz de la mesilla, eso tampoco me molestó. Cuando vi que la claridad iba atravesando mis párpados, decidí entreabrir los ojos; tú ya no me mirabas, tenías la mirada perdida en la colcha y empezaste a quitarte el uniforme.
Te desanudaste la corbata, sofocado, y me preocupó de repente cómo pudieras sentirte de incómodo en esa situación tan extraña para ti… con un trabajo que no merecías y teniendo que hacer mil esfuerzos para sostener algo que podrías haber tenido con facilidad en otra época, y todo por cargar conmigo. Dejaste la corbata sobre una silla y te llevaste las manos a la solapa de la chaqueta; parecías tan cansado que todos tus movimientos se ralentizaban en la penumbra, no era mi sueño, para entonces ya me había desvelado, pero me esmeraba en que tú no lo notaras. Te quitaste la chaqueta con cuidado, dejándome disfrutar del movimiento de ese cuerpo que, desde mi inocencia, me seguía fascinando; seguro que de haber sabido que te estaba viendo, te habrías dado la vuelta. Dos noches durmiendo juntos y seguías intentando ser escrupulosamente respetuoso con ese tema…
Para cuando te quitaste los zapatos de una patada y te desabrochaste un cinturón, se habían esfumado ya las preocupaciones de mi mente. ¿Qué más daba? Estabas en casa, conmigo, en nuestra casa, y eso era lo único que me importaba. Ver cómo te movías en la oscuridad, durante los siguientes segundos, me fue dando cada vez más seguridad y más confianza, tenía ganas de abrir los ojos del todo, para verte mejor, pero temía romper la magia de ese momento y distraer tu mirada todavía perdida en la colcha para que se centrara en mí. Qué ironía, toda la vida deseando que me miraras, y teniéndote ahí, lo único que quería era seguir observándote en silencio…
Para cuando empezaste a quitarte la camisa, lo tuve claro, ya no tenía remedio; no podía vivir sin ti, sentía que si alguna noche dejaba de dormir a tu lado me moriría, dejaría de encontrarle sentido a todas las decisiones que había tomado hasta entonces, a todos los esfuerzos que había hecho para llegar hasta ese momento, tumbada en la cama, esperando desesperadamente a que te metieras dentro y me cobijaras. No tuve que esforzarme para evitar convertir esa visión en algo carnal, era como ver cómo desnudabas tu alma antes de meterte en esa cama que simbolizaba el viaje que empezábamos juntos, nada más, el resto no importaba entonces…
Por fin vi cómo deslizabas la ultima prenda de tu uniforme y la dejabas en la silla, tuviste que darte la vuelta para ello, así que aproveché para abrir un poco más los ojos y dejar que la sonrisa que llevaba conteniendo un rato saliera, justo a tiempo de esconderse una vez más… hiciste un gesto espontáneo de cansancio antes de darte la vuelta otra vez, y yo, precavida, cerré los ojos del todo por si acaso… oí cómo levantabas la sábana intentando no tirar de la tela, pasaste la mano sobre el colchón y acomodaste la almohada; noté tu peso sobre la cama e instintivamente hice el gesto de recolocarme tras el ligero rebote, pero no delaté mi estado. Oí cómo te recostabas y sentí subir la fría sábana, el click del interruptor volvió a inundar de oscuridad la habitación, y ya sin ningún peligro intenté que mi visión se acostumbrara a ella para volver a verte… no hizo falta, te acercaste a mí con la misma delicadez con la que lo habías hecho todo y me abrazaste, piel con piel, dejando que me recostara en tu pecho y respirara tranquila el resto de la noche…
No sé si llegaste a darte cuenta de que estaba despierta… yo nunca te lo dije… pero tal como hoy estoy haciendo, mirándote a los ojos, ese día pude ver cómo desnudabas tu alma, sin importar el físico, para terminar de nuevo, abrazada a ti en la más tierna de nuestras uniones…
...y no volver a dormir una noche más sin ti.

10 Comments:

Lys said...

Ni una noche más, NI UNA SOLA!!
Ay comisaria, lo mismo te digo yo a ti. Ni una noche más sin estar para leerte en directo! Ni una sola! Cómo te he echao de menos...

Lys

Anónimo said...

Qué hermoso, Nur.
Mil gracias !

(lito)

Anónimo said...

es precioso =)

Inglor said...

Me encantan tus textos Nur! Pecioso de verdad. Me tienes realmente enganchada. Te lo curras un monton. gracias por estas entradas :)

Anónimo said...

Sin palabras...simplemente PRECIOSO! Tienes un don especial para emocionar...Gracias por estos regalos en forma de relatos

Besitosss

Anónimo said...

Como siempre Nur... maravilloso, hermoso y perfecto!


Besooos!!


***

Anónimo said...

Tú si que haces collage con los retazos de los símbolos (las palabras) y los segundos (las imágenes) y el resultado es precioso........
Y no volver a dormir una noche más sin tí.

Anónimo said...

Y no volver a dormir una noche más sin tí.
Y no lo harán. Ya sabemos, CARA, SALE BIEN.
Qué puedo decirte, Nur. Que sigues impresionándome con tu don de la palabra, con tu ingenio para definir y relatar momentos que tal vez teníamos olvidados...o para convertir en un maravilloso fan-fic un momento tan especial como lo fue este en su momento.
Es lo que tiene desnudar el alma ante quien amas...
MADRID

Cintia Fernández said...

Qué bonito!

Anónimo said...

gracias nur, que cara mas rara pone sara habia una foto en internet que lucas iba vestido conmo si fuese a su propio entierro no lo habra visto sara