Ella estaba cómodamente sentada con las piernas cruzadas y la espalda perfectamente alineada sobre sus caderas; lucía una minifalda tejana que dejaba ver el precioso bronceado que a esas alturas de verano le había dado tiempo a coger y sus sandalias de tacón estilizaban todavía más su esbelta figura. No tenía la cabeza recostada en el asiento, ya que desde que habíamos despegado, no le había quitado ojo a un libro de bolsillo que sostenía con sus delicadas manos perfectamente estilizadas con una manicura digna de una modelo.Pasaba las páginas con detenimiento, como si cada vez que lo hacía, quisiera asegurarse de que no se le había escapado nada de la hoja anterior. En uno de esos vaivenes pude adivinar que se trataba de un libro de poesía, tenía pinta de romántica, eso sí… pero para mí seguía siendo un misterio qué tenía tan absorbida a una chica de mirada tan inteligente.
Yo pasaba las horas entre mirar sin demasiado interés al asiento de delante, distraerme con el vaivén de las azafatas e intentar robar de la ventanilla alguna vista interesante… pero no podía evitarlo, ella estaba justo delante y su visión me distraía de cualquier otra cosa. No era nada sexual, ni por asomo, quizás es que esa chica me recordaba a alguien, quizás a mí misma, antes de perder la ilusión por muchas cosas… o a lo mejor es que simplemente me apetecía curiosear un rato en la vida de una extraña…
Fuera como fuera todo cambió para mí cuando vi caer esa lágrima sobre la página 67 de su libro. La tinta se corrió un poco y ella intentó corregirlo rápidamente con el dedo índice, pero no lo consiguió… se llevó la mano izquierda al rostro mientras la derecha sustentaba el libro sobre sus rodillas, entrecerrado, con un dedo que intentaba conservar el punto de lectura. Pude observar algún espasmo que le recorría todo el cuerpo al intentar contener un sollozo e incómoda intenté que no se diera cuenta de que me había percatado de todo. A los pocos segundos, levantó la cabeza entre lágrimas y en un gesto de rechazo dejó el libro sobre el asiento vacío que se encontraba entre las dos; se dio la vuelta hacia la ventanilla, y recostada en el asiento pude oír cómo seguía llorando.“Veinte poemas de amor y una canción desesperada”
A veces la apariencia nos hace juzgar equivocadamente a la gente; tendemos a pensar que personas como aquella chica, tienen todo lo que pueden desear en la vida, simplemente por tener algo que nosotros anhelamos; pero en momentos como el que yo viví te das cuenta de que eso no es cierto, todo el mundo tiene sus problemas, y la sensibilidad de una de las mejores obras de la historia, nos puede afectar a todos por igual…




















