lunes, 13 de julio de 2009

Como agua de mayo


En un beso, sabrás todo lo que he callado...


martes, 19 de mayo de 2009

El valor de una imagen

Seguramente hay muchas otras imágenes más emblemáticas y más tiernas de Sara y Lucas (sin necesidad de ponerles motes), pero he querido elegir esta primero porque forma parte de uno de los mejores capítulos de la serie, si es que no el mejor, y segundo porque muestra algo que de vez en cuando todos debemos recordarnos, ya que nadie parece interesado en hacerlo: la devoción de Sara hacia Lucas.
Sé que estamos pasando por un mal momento, seguro que incluso para los que tienen la mente abierta a nuevas possibilidades no resulta una situación cómoda, y la verdad es que nadie sabe donde está la varita mágica que puede arreglarlo... ni siquiera si hay una.
Mucha gente me está pidiendo que diga algo, que ayude a calmar los ánimos... quizás porque erróneamente creen que tengo yo esa varita, pero  ahora mismo creo que lo único que puedo hacer es daros el consejo que yo he seguido fielmente; estar expectante, sin bajar la guardia y mirando adelante; y sobretodo no dejar que os engañen con cosas que sabemos que no son más que mentiras, confusiones, o desvariaciones sobre un mismo tema. 
Os irá bien recuperar de vez en cuando alguna de estas imágenes porque hay mucho que recordar y casi volver a vivir, no nos podemos quejar de la biblioteca que tenemos, de los diccionarios de miradas ni de los momentos que sólo depende de uno mismo si quedan atrás o no. 
El capítulo de hoy se prevé duro, pero no caigamos en represalias rencorosas que nos pueden hacer más mal que bien. Y con eso me refiero a campañas masivas de no ver el capítulo (no está el horno para bollos), u otras iniciativas que faltan al respeto de los profesionales que trabajan en la serie.
Calma, tranquilidad y pensemos que cada cuál tiene su lugar en el mundo, y el que se haya equivocado de ruta, tarde o temprano se dará cuenta.




miércoles, 1 de abril de 2009

Dulce enfermedad...

En 1924 un médico llamado Francois Boisent enumeró una a una todas las anomalías físicas y mentales que se producen cuando una persona se enamora. Al principio, afirmaba Boisent, el enamoramiento tiene numerosas similitudes con procesos gripales: estado febril, dilatación de pupilas, palpitaciones, sudoración, temperatura alta y disminución de pensamiento periférico.

El mar de amores cursa los primeros días como un catarro, pero a lo bestia, hasta que el paciente se habitúa a la presencia de la persona amada. Después, los síntomas en lugar de remitir como sucede en los procesos gripales, se multiplican.


El enamorado pierde el apetito, pasa las noches en vela, con gran ansiedad, y se entrega al aislamiento y la soledad, y aunque el paciente sabe lo que le está pasando, no hay antibiótico ni antigripal que le alivie.


La vida, sin la persona amada, se convierte entonces en un infierno. En función del organismo afectado, su período de recuperación puede ser unos días, o convertirse en una enfermedad crónica, un desasosiego para toda la vida.
(Voz en off de Curtis 7x12, gracias a Kris)


Pero afortunadamente... esa "enfermedad" que es el amor no correspondido, terminó para ellos; y aunque no podamos decir que lo hizo pronto, lo hizo bien... porque nos dejó claro a todos, que era para siempre, para toda la vida, aunque las suyas estuvieran permanentemente amenazadas, aunque no le diera tiempo a Lucas a posar el anillo sobre los frágiles dedos de Sara, aunque un año después, no podamos disfrutar de la vida que tendrían que estar compartiendo... y viendo esta última imagen, reaprendo a valorar todo esto, o incluso lo aprecio un poco más, porque ¿quién puede dudar de la fidelidad de alguien que se casó con un balazo en el vientre? ¿Quien osa dudar de Sara, nuestra niña, su niña?
Yo, desde luego, no.

domingo, 22 de marzo de 2009

Cuentos de hadas

"Érase una vez un reino muy, muy lejano y muy, muy feliz, hasta que de pronto un día apareció un dragón volando, cogió a la bella princesa y, sin que su escudero pudiera hacer nada para salvarla, se la llevó a su cueva.
Lo primero que pensó el rey fue ir él mismo detrás de la princesa, pero se dió cuenta de que si el dragón se lo comía, nadie podría reinar y sería un verdadero desastre. Entonces buscó a los soldados de la Guardia Real, pero el rey se echó atrás porque si el dragón los vencía, nadie podría proteger el reino.
- El cocinero real me ayudará - se dijo el Rey.
- No, no, no, tampoco él puede hacer nada por mí, porque si el dragón se lo come no habrá nadie para cocinar en el reino y todos se morirán de hambre.
- ¿Y los bufones de la corte?
Pero tampoco ellos podían ayudarle, porque si el dragón los devoraba nadie volvería a reir nunca en palacio.
Y cuando más triste estaba el rey pensando que nadie en todo el reino podría salvar a su hija, se abrió la puerta del palacio y aparecieron la princesa y el dragón de la mano. Se habían hecho muy buenos amigos y el rey se dió cuenta de que no hacía falta ningún héroe para matar al dragón, porque el dragón sólo buscaba alguien con quien hablar. Y desde ese día el dragón vivió en palacio y fueron felices y comieron perdices, y colorín colorado este cuento se ha acabado".

(Transcripción de Cary Grant)

Magnífico todo... menos lo de que no hacen falta héroes...
Un día menos.

martes, 17 de marzo de 2009

Felicidades

Era una fría noche de marzo en San Antonio; la noche de la fiesta de despedida de Sara antes de su afortunadamente frustrado viaje a Dublín. Ella intentaba divertirse con sus amigos y olvidarse de su último encontronazo con Lucas, cuando le había pedido no verle antes de marcharse, porque sabía que eso se lo pondría todo más difícil. Lucas, por su parte, aguardaba junto a Mariano, apoyados en la barra de Los Cachis, el momento oportuno para comunicarle a Sara una de sus alocadas conclusiones. No recuerdo qué hizo que Sara abandonara la zona de la fiesta para terminar pasando al lado de Lucas… pero sí recuerdo perfectamente el movimiento de sus pasos a cámara lenta y la profundidad de las miradas que en ese decorado se cruzaron. Ese fue el momento, todos lo notamos, la antesala de algo que se preveía grande; pero nunca imaginamos que pudiera llegar a tanto.
Se nos empezó a romper ya el corazón, viendo a Lucas quitarse la chaqueta para que no pasara frío y extrañamente entendimos también la reacción de Sara al rechazarla, pero era inevitable, el frío apretaba y Lucas no iba a permitir un no por respuesta.
Los reproches fueron lo primero que fluyó de sus bocas, llevaban demasiado tiempo engañándose, y era muy difícil no pretender odiar al que crees que no te ama porque no quiere, y no porque no puede… pero el límite del odio al amor es una línea muy fina… y algo me dice que ellos siempre estuvieron en el mismo lado, aunque no quisieran reconocerlo.



Hacía meses que no veía esta escena y hoy me he dado de bruces con el recuerdo… y es que hoy, hace 3 años que vivimos este momento. Me he chocado otra vez con esa sensación en el pecho que me hace recordar un día más por qué merece la pena, y que además me hace sentir un poco culpable por no poder dedicarme más. Y siento que así va a ser durante muchos 16 de marzo más, y en muchas otras épocas o momentos en las que veamos girar una bola del mundo, u oigamos mencionar Madagascar, o veamos una moneda lanzada al aire… o quién sabe cuántos símbolos más nos quedan por inventar…
Han sido 3 años en los que a pesar de los malos momentos, sólo puedo recordar sonrisas, admiración, lágrimas de emoción y complicidad… porque los malos ratos estuvieron para hacer de los buenos, mejores… y porque en este 16 de marzo, más que nunca, debemos recordarlos.
Gracias Sara y Lucas por habernos enseñado a muchos que las historias de ficción le pueden enseñar a uno a empatizar con historias ajenas; a apreciar más los mejores momentos y olvidarse de los malos y a tener ganas de vivirlo todo de una forma más intensa.
Ha sido un placer estar a vuestro lado, y espero poder estarlo un tiempo más.

Feliz aniversario, de parte de alguien que siente que tiene que celebrarlo también; porque hoy, al fin y al cabo, es como si fuera el aniversario de todos nosotros.

lunes, 6 de octubre de 2008

Quizás sea el mar...

Dedicado a una gran amiga, compañera y escritora que nos ha alegrado el verano con sus palabras... Gracias madrid por regalarnos esas magníficas vacaciones de las que yo, humildemente, he intentado hacer un video con las imágenes de estos últimos capítulos...

Espero que os guste:

domingo, 5 de octubre de 2008

Existen las monedas de dos caras, Lola...

Llevo 18 años soñando con la boda de mi hija y siempre me había imaginado un lugar así; un lugar apartado en el campo, en una ermita con olor a sacristía y azahar; con muy pocos invitados, los íntimos de nuestra vida. Mariano bailando pasodobles y perdiendo el control. Imaginaba a mi padre con un par de copas de más repartiendo abrazos, a Paco emocionado, con la mirada fija, los ojillos brillantes y aguantando el tipo. Y al novio, que parece que no va a llegar nunca a la boda, pero que terminará esperando como todos en el altar, con miedo de que no llegue la novia .

Las bodas son alegría, color, porvenir...lo que nadie se puede imaginar nunca de una boda es que sea peligrosa, y mucho menos la de tu hija.


Me hubiera gustado ver a Sara bailar el vals de después del banquete, bailar con Lucas y después con su padre como cuando era niña y se le subía en los zapatos en las fiestas del pueblo, y hacia como que volaba.
Dicen que un yerno nunca es todo lo perfecto que una madre desearía, y Lucas tampoco lo es. No vendrá a comer los domingos, ni se acordara de felicitarme en mi santo, pero siempre he sabido que cuidara de Sara como si se jugase la vida en ello, pero lo malo es que Lucas se juega demasiadas veces la vida y la moneda no siempre cae del mismo lado.

Mi madre decía que el matrimonio es un salto al vacío y que, para que todo funcione bien después de la luna de miel, hay que tener siempre los pies en el suelo. Pero creo que ahora nadie valora tener los pies en el suelo, ahora se vive pensando en el momento y eso da mucho mas vértigo.
Llevo 18 años soñando con su boda y dicen que, que cuando sueñas con una boda significa que se acerca un tiempo de prosperidad, pero yo nunca he creido en los refranes.

Gracias Vicky por la transcripción

miércoles, 1 de octubre de 2008

Diario de una novia

Una del mediodía… el teléfono me sorprende preparándome para bajar a la playa por última vez, aunque esta vez no me vayas a acompañar entre las olas, ni tumbados en la arena, ni me vayas a perseguir por la orilla para intentar ahogarme y después devolverme el aire entre beso y beso; eres tú quien está al otro lado, para cumplir con tu promesa de salir siempre entre mis últimas diez llamadas. Pareces incluso más nervioso que yo, por mucho que intentes ocultarlo tras esa facha de novio durito. No sigas intentándolo, Lucas, no te voy a contar nada del vestido… ¡y ni se te ocurra llegar tarde, eh! Aunque bueno, sé que esta vez, vas a llegar en paracaídas si hace falta… porque pase lo que pase ya no hay nada que pueda separarnos.
A la vuelta de la playa me espera mi despedida de soltera… las chicas están ahí, como siempre, para animarme y para darme sus siempre útiles consejos…
Silvia… todavía no he podido hablar con ella de todo esto y saber cómo le ha sentado realmente. La verdad es que es la única persona en este mundo que puede entender lo que siento en este momento, a pocas horas de casarme con Lucas, aunque tanto ella como yo sabemos que mi boda no va a tener mucho que ver con la suya… nuestra familia no va a estar ahí, ni vamos a tener un gran banquete después… y esta vez, los dos damos el paso con la certeza de que vamos a pasar el resto de nuestra vida juntos.
Pepa… eres igualmente mi tía, y siento que casi no te conozco; pero a pesar de ello, el día de mi boda eres capaz de darme una de las mayores alegrías que podrías darme. Silvia ha encontrado un lugar a tu lado, y que ella sea feliz en un día como hoy, me da alas para seguir adelante sin tener ya la última preocupación que tenía a mis espaldas… así que gracias, Pepa.
Rita… tan inocentona como siempre… No te preocupes, creo que Lucas y yo sabremos aprovechar el tiempo.
Y mamá… me duele el alma sólo de recordar que no vas a estar ahí, a mi lado… que no me vas a colocar el velo ni me vas a retocar el rimmel cuando, por culpa de los nervios, derrame las primeras lágrimas antes de salir de casa... pero para tener esa maravillosa boda de fugitivos que me describes con tus siempre acertadas palabras, las cosas tienen que ser así, por mucho que nos pese… y no te preocupes, que ya tendremos tiempo de revivirla domingo tras domingo, después de comer esa paella que tienes tantas ganas de preparar para nosotros cuatro, solos en casita… te lo prometo.
Me decido a prepararme, por fin, para el gran momento…pero no es una tarde de maquillaje, peluquería y nervios la que me espera precisamente…


Mi madre siempre decía, que el motivo principal por el que no quería que fuera policía, era porque yo siempre voy con el pecho por delante, y que la gente como yo… somos los que al final nos llevamos el tiro. Y no se equivocaba… no creo que ningún policía sueñe con arriesgar su vida en un momento como ese, pero si algo he aprendido en los pocos meses que llevo en el cuerpo, es que no importan las adversidades con las que te encuentres, ni el momento en el que vengan… lo que cuenta es tener siempre un objetivo claro, limpio, al final del túnel, y avanzar sin miedos, arriesgando todo lo que tengas que arriesgar y luchando todo lo que tengas que luchar, para llegar a él. Y mi objetivo eres tú, Lucas, nuestra boda, nuestro momento… y sabes que no hay obstáculos, ni adversidades, ni tiros que me puedan impedir llegar a ella…

Por eso, a pesar de todo, acudo... tan nerviosa como preveía, con el paso firme y la respiración agitada, viendo en cada uno de mis pasos un momento diferente de los que hemos vivido.
Los desayunos en mi casa cuando yo todavía era una niña y te pedía que me llevaras al cole, los días que tras mucho insistir aceptabas, y nos perdíamos la primera hora de clase dando vueltas en tu descapotable y paseando por el campo… todas las veces que te provocaba y te sacaba de quicio, hasta que descubrí que tú también me querías y que te habías dado cuenta de que, conmigo, no ibas a sentirte solo nunca más. Nuestro primer beso, nuestra primera noche… nuestro piso, nuestro banco… todos los momentos en que sentí que yo te pertenecía a ti y tú me pertenecías a mí; el uno por el otro, sin nada a la vista que pudiera separarnos. Son todos aquellos momentos los que me dan fuerzas para andar hacia la iglesia, Lucas, la posibilidad de seguir viviéndolos día tras día hasta mi último aliento…

Me detengo frente a los portones de madera, están cerrados pero siento que dentro hay alguien… me asomo, con la intención de tantear el terreno antes de entrar definitivamente, pero apenas me das un segundo para prepararme. Como me prometiste, estás ahí, atento a la puerta y listo para recibirme en el altar… no puedo apartar mis ojos de ti, no puedo, y por mucho que hayas tenido el detalle de traer a unos músicos con tan poco tiempo de antelación, en mi cabeza sólo retumban los acordes del Canon de Pachelbel, la marcha nupcial que siempre quise y nunca me atreví a pedirte… Por unos segundos, me olvido del dolor que paraliza mi costado izquierdo, me aferro al ramo con todas mis fuerzas, y con la mirada fija en tus ojos, saco fuerzas de donde sé que ya no tengo para seguir avanzando, porque hace menos de una semana, me prometí a mi misma que no iba a vivir un solo día de mi vida sin escucharte reír por las mañanas, sin sentir el picor de tu barba en mi mejilla, sin disfrutar del olor de cada uno de tus besos…


Tú me recibes al final del pasillo, mi túnel, y me coges la mano nervioso… ya estoy aquí, todo ha salido bien. Me sostienes la mirada en todo momento y me agarras con fuerza de la mano… sólo dejas de mirarme un momento, cuando el cura te pide las arras… pero no me importa que se te hayan olvidado, amor, con nuestra moneda de dos caras tenemos más que suficiente…
El cura sigue hablando a medida que siento que mi cabeza se marcha a otra parte, aunque siempre cerca de ti. Noto como una sensación amarga me sube por el pecho y no estoy segura de poder vivir ese momento con toda la entereza que me habría gustado… pero en tus ojos encuentro de nuevo la fuerza para mantenerme despierta.
Tú, Lucas, ¿quieres recibir a Sara como esposa y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así amarla y respetarla todos los días de tu vida?
Primero me respondes sólo a mí, con los ojos, como has sabido hacer siempre… y tras estos segundos de intimidad que has decidido regalarme, veo cómo pronuncias el Sí que ha sonado más bonito que nunca en mis oídos… “sí quiero, sí quiero…”. Tengo ganas de recorrer los pocos centímetros que nos separan y abrazarte, aunque todavía no sea hora… pero las fuerzas me fallan y las piernas me traicionan; tú me sujetas y te aseguras de que todo siga bien…
“Dile que siga… por favor, dile que siga…”
Me pasas la mano por la cintura y pegada a tu cuerpo, oigo cómo mi turno llega por fin…
Tú, Sara, ¿quieres recibir a Lucas como esposo y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?
Y no me hacen falta más segundos para dar mi tan ansiado sí quiero, para terminar con dos simples palabras, el camino que hace dos años empezamos, aunque yo hubiera cogido carrerilla desde mucho antes… me sonríes y entonces sí se me olvida por completo el dolor que sigo sintiendo, y no me asusta la humedad que empiezo a notar en mi mano…

“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre…”

Y las lágrimas nos inundan a los dos en la mirada más feliz que hemos compartido nunca, nadie lo separará, Lucas, nadie lo separará; siento cómo me sostienes con fuerza y lentamente te acercas para besarme… consciente de que el tacto de tus labios va a ser lo último que pueda sentir con claridad… rebosante de felicidad por haber conseguido dar ese paso contigo, y deseando con todas mis fuerzas, despertar mañana en algún hotel perdido de Brasil, para poder disfrutar contigo de nuestra luna de miel…

viernes, 26 de septiembre de 2008

Me gusta así



Lo que puede dar de sí una guitarra regalada a tiempo, una noche de verano y todos los sentimientos que llevaron a Sara a devolverle el regalo a Lucas... Sin duda, uno de los momentos inolvidables de este final de temporada, de toda la serie, incluso, y de esta grandísima historia...

Descargar canción

Siento no tener tiempo de escribir un poco más sobre este momento...
pero tranquilos, que difícilmente se me va a borrar de la memoria,
y al fin y al cabo lo mejor es disfrutarlo de nuevo ;-)

jueves, 25 de septiembre de 2008

...y si os veo temblar, sé que estáis igual que yo...

¿Cuanto habríamos dado por esto hace un tiempo?
Porque no es una imágen cualquiera... una de tantas que ya hemos visto... (aunque hayan parecido pocas). No son Sara y Lucas paseando en el Ford Cabrío descapotable, ni sentados en un tronco a la orilla de un pantano, ni dándose un beso a contraluz frente a la puerta de la cocina... No. Son ellos dos, "Sara y Lucas; Lucas y Sara", en su playa perdida, aferrados enérgicamente el uno al otro tras haber dado de una zancada, el paso que les conduce al altar al que Paco ha ansiado tanto (aunque desde no hace mucho), acompañarles. Y de mientras, a centenares de kilómetros, Paco y Lola soñaban con abrazar a sus nietos camboyanos, celebrando por fin juntos que sus hijos vayan a casarse, aunque a su pesar ellos no puedan estar presentes... porque no hay huidas, ni exilios, ni destierros que puedan evitar que ese primer domingo de paella llegue, lo sé, y lo sabemos todos... y porque si de los errores aprende uno, Paco y Lola se han licenciado en esto de querer a Sara y Lucas juntos.
Las imágenes de Sara ya se han hecho realidad, por lo menos casi todas... y a pesar de haberlo visto desde primera fila, con el corazón en un puño y una sonrisa de oreja a oreja, incluso me ha sabido a poco... y no es un reproche, para nada. Doy las gracias porque un día, a Sara se le ocurrió soñar con todo esto... porque decidió contárselo a Lucas al oído acurrucados en la cama mientras él intentaba esconder las lágrimas detrás de su fachada de tipo duro... porque esa misma fachada le haya hecho mentir y decirle que no era el momento más adecuado para hacer que sus imágenes se cumplieran... para que justo a la mañana siguiente, tuviera el despertar más dulce de su vida, a pesar de no encontrarse con su cuerpo arropándola al abrir los ojos; porque sin todo eso, ninguna de las imágenes habrían tenido el mismo sabor, ni "me gusta así" habría sonado en nuestros tímpanos como si fuera la primera vez que la escuchábamos.

Todavía queda una imagen por cumplir. Y lo veremos. No os dejéis asustar por los avances ni los anuncios... ¿alguien duda que Michelle vaya a estar la temporada que viene? Yo no, así que puede que lo mismo que hemos "disfrutado" viendo el lamento de Sara por la supuesta muerte de Lucas, lo vayamos a hacer viendo como el dramatismo gira 180 grados para convertir a Lucas en el que vea cómo su propia vida se le escurre entre los dedos y le de la sensación de que no puede retenerla. Pero podrá, aunque eso tengamos que verlo en enero...

Nur (muy pronto, más...)

domingo, 21 de septiembre de 2008

Off...

A veces me preguntaba cómo serían las cosas cuando yo ya no estuviese aquí y me costaba imaginármelo. Supongo que todos nos creemos demasiado importantes. Nos parece que nuestra casa ya no será la misma si ya no estamos para sentarnos en nuestro sillón. Que el bar donde desayunamos ya no puede ser el mismo si no estamos ahí para mojar el churrito en el café.

Pensamos que cuando morimos la vida se va a detener, que va a hacer un alto para digerir que ya no estamos. Pero no es verdad. El mundo no se para y sigue su marcha sin nosotros. Y lo único que cambia es el tamaño de tu nueva casa. Una caja de 180 de largo y medio metro de ancho, a doce palmos de profundidad; donde la humedad y las lombrices son tu única compañía.

Si eres poli y además poli de San Antonio estás muchas veces en la cuerda floja a punto de morir. Se supone que va en el sueldo. Cuando sales de la Academia te dan el pack completo: una pistola, una placa y ochocientas maneras de jugarte el cuello por ella. Pero luego cada uno tiene que aprender a qué huele su propia carne achicharrada por una bala del calibre 9. A saborear el agua la suciedad del agua estancada cuando llena sus pulmones y a escuchar el chasquido de su clavícula al hacerse astillas. Después de doce años en el cuerpo uno aprende a mirar de frente a la muerte. Lo malo es que la muerte no siempre viene de frente.

En la vida no eliges a tu padre, ni a tu madre, ni a tus hermanos. No eliges el país donde naces, tu nombre ni el color de tus ojos. Pero hay una cosa que eliges tú solo: a tus amigos. Yo, me he coronado eligiendo a los míos.

Dicen que cuando vas a morir ves toda tu vida en un segundo. Como en una película en primera fila y pantalla gigante. Te ves ganando las canicas a tus colegas. A tu madre preparando la paella de los domingos. A tus amigos borrachos en la fiesta de graduación. A tu chica, dormida, después de vuestra primera noche...


Si lo piensas, es bonito dedicar los últimos puñeteros segundos que vas a pasar en este mundo a ver la película de tu vida. Si, es bonito. Lástima que a mí no me diera tiempo.... (porque no morí).


Gracias a Tori por la transcripción ;-)

sábado, 20 de septiembre de 2008

...y nos da por casarnos...





Me levanto tarde... aturdida, me dedico a organizar las 4 cosas que pensaba hacer esta mañana y que por culpa de la pereza, finalmente no he podido hacer... en una de esas, enciendo el ordenador y dejo que se cargue el correo; no espero novedades. Vuelvo al cabo de un rato, efectivamente, ninguna sorpresa importante que tener en cuenta... pero la cosa cambia, cuando entro en el foro, hay un nuevo post. ¿"Las imagenes de la boda"? No lo puedo creer, serán las que ya salieron en julio de las publicaciones de la revista... voy a por ellas, y me encuentro con esto...
Las debo de haber visto 500 veces desde entonces, y sigo sin encontrar las palabras. Son perfectas, una grandísima sorpresa para terminar una semana fantástica...
Se pueden distinguir fácilmente, el momento en que Sara entra, cuando avanza por el pasillo, cuando Lucas la recibe... cuando se miran, embobados, ante las palabras del cura (a las que no sé si les prestan mucha atención mientras se miran)... y finalmente el beso, el momento que nos deja claro que se han podido casar por fin, sin problemas, y que todo lo demás, o bien habrá venido antes, o vendrá despues, pero lo hecho, hecho estará.
La boda se va a emitir, previsiblemente, el día 1 de octubre, en el capítulo 79 "Tiroteo nupcial", son muchas las cosas que se dicen de ese día... pero después de ver esto, ¿a quién no se le olvida todo lo demás?

viernes, 19 de septiembre de 2008

Libres



¿Sabes que era lo mejor para mí? (Por mucho que digan… sabes que nadie puede entender lo que sientes en eso momento, y no puedes permitir que nadie te diga qué es lo mejor para ti… porque nadie lo sabe mejor que tú…)
Escuchar a Lucas reírse por las mañanas… (y entonces, un flash de imágenes inunda tu cabeza: la primera vez que despertasteis juntos, la segunda, la tercera… y todas las demás; todas las mañanas que compartisteis en vuestro piso, la sonrisa que lucía él a primera hora del día, cuando te descubría ahí, a su lado, abriendo los ojos perezosa ante los primeros rayos de luz…)
Que me picase la mejilla con la barba de tres días… (y a medida que pronuncias esas palabras, sientes como tu cuerpo te traiciona y evita que puedas mantener la compostura al sentir de una forma tan clara, otra vez, esa sensación en tu rostro… te pincha como la primera vez que te besó, como cada vez que te quejabas y él respondía con más besos… hasta que al final te acostumbraste y decidiste que no querías vivir sin esa sensación en tu cara. Pero te da miedo llevarte la mano a la mejilla, porque sabes que su barba no va a estar ahí… y que de ahora en adelante, esa sensación no va a ser más que una imaginación, un recuerdo, que tu cabeza jamás podrá borrar.)
El olor de cada uno de sus besos… (y tu aliento, definitivamente, decide quedarse atrancado en algún lugar entre tu pecho y tu boca… no puedes respirar, ni tampoco quieres hacerlo; no soportas la idea de que nunca más vas a volver a sentir ese sabor en tu boca ni ese tacto en tus labios…)
Pero sigues andando con una fuerza que no sabes de dónde sale, tu padre te empuja por la espalda y abre la puerta del coche. Estás cansada, agradeces que haya llegado el momento de volver a casa… aunque de tu verdadera casa te hayan desahuciado sin previo aviso… y entonces, siguiendo el movimiento que te exige la situación, apartas tu mirada perdida del suelo y la conduces al interior… es entonces, cuando crees morir; más que cuando hace unos segundos tus propias palabras te han hecho recordar todos los momentos que vivisteis, más, que cuando hace dos días alguien vino a decirte, que tu vida se había acabado, aunque todavía te quedaran 60 años por delante.
Ahí, dentro del coche, le ves a él; y no sabes si es real, no logras entenderlo… está tan quieto, que parece una visión, pero se quita las gafas, y con esos ojos oscuros que tantas veces te han mirado intenta tranquilizarte, te dice sin palabras que lo que estás viendo es real, y te suplica que le perdones…
Y ahí te encuentras tú, sin saber qué hacer, sin saber todavía si creértelo o no, cuando notas que una mano te empuja la cabeza para que entres en el coche y otra, te recibe dentro. Y decides hacer lo que deberías haber hecho desde el principio, lanzarte a sus brazos y refugiarte en él; pero no es una entrega tranquila, estallas en llantos e intentas golpearle, te ha hecho mucho daño, un daño que deseas que él nunca tenga que sufrir. Y lloras, y sollozas, y descargas la rabia de tus puños contra sus hombros y contra el asiento del coche mientras él te agarra con todas sus fuerzas…


-Ya está, ya está, ya está… - pero no consigues distinguir una palabra – lo siento mi amor… lo siento, lo siento, lo siento, lo siento…
Poco a poco, vuelves a tocar de pies en el suelo, y te das cuenta de que realmente es él el que te está abrazando, que es su voz, la que intenta tranquilizarte, que es su cuerpo el que te arropa… y que es su barba, la que vuelve a pincharte en la mejilla. Entre todo eso, consigues distinguir una palabra, “libres”, y te gusta… como si oyeras el tintineo de una moneda al golpearla con tus uñas y hacerla rodar en el aire. Te separas de su cuello y le miras a los ojos. Sí. Es él. Y ese es otra vez el olor de sus besos, y el tacto de sus labios.


Libres, por fin… no consigues terminar de creértelo, y tras llevarte la mano a la boca para ocultar tu llanto, le vuelves a abrazar, y deseas quedarte ahí el resto de tus días, el resto de tus mañanas, con la seguridad de que en cada una de ellas, volverás a escucharle reír.

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Gracias a todos y cada uno de los profesionales que han hecho posible este momento, especialmente, a vosotros dos.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Cierra la puerta, ven, y siéntate cerca...

Sobra decir, que hoy es el día que menos ideas tengo acariciándome la punta de los dedos para ayudarme a expresar lo que sé que no se puede expresar con palabras… por otro lado, pienso que en el fondo no hace falta; todos sabéis a qué me refiero, porque seguro que todos habéis sentido en el pecho lo mismo que yo. Esa sensación sofocante al principio del capítulo que nos ha hecho ver que era cierto, que estaban de vuelta, y que volvían con más ganas que nunca… ese nerviosismo cuando un imprevisto en forma de teléfono que suena o de puerta que se abre te impide mantener los 5 sentidos pegados al televisor durante unos segundos, ese llanto contenido por algunos y soltado por otros tantos cuando nos dan un indicio de que puede que nos equivocáramos, y que al final no saliera bien… la angustia de ver a Sara con la mirada perdida, a Lola llorando por su hijo y a todos los demás destrozados… pero si algo quiero destacar especialmente de este principio de capítulo, del “primer” entierro de Lucas Fernández, es que el espíritu paquero no se ha perdido en ningún momento; ni con Mariano cantando la saeta, ni con don Lorenzo cayéndose al hoyo y regañando después a Mariano. “Esto sólo pasa en los Pacos”, realmente… sólo lo pueden hacer ellos.

Una cosa sí debo criticar, una cosa que he echado en falta. A partir de ahora, en la biblioteca de imágenes que tengo en la cabeza, en el diccionario de miradas que sé que no voy a acabar, va a haber un hueco importante, el hueco que no ha llenado ni llenará la escena de cuando le comunican a Sara que una explosión se ha llevado por delante sus sueños. Seguramente hay quien agradece no haber tenido que pasar por el suplicio de verla, pero ver ese dolor inicial para ver después la alegría… habría sido sin duda un gran regalo. Durante todo el verano, he sentido mil veces cómo los 50 kilitos del cuerpo de Sara se desplomaban sobre la silla, en la sala de interrogatorios retorcidos ante el dolor de lo que le estaban contando… como si fuera mi propio cuerpo, como si fueran mis huesos los que me pesaran demasiado para seguir moviéndome. Es lo que con el tiempo nos ha enseñado esta historia, a sentir su dolor, su alegría y sus sentimientos en general como si fueran los nuestros…

¿Y qué decir del resto? Que seguramente todos nos hemos equivocado en muchas cosas, yo, la primera. Quien más quien menos, tenía una teoría montada sobre cómo había conseguido escapar Lucas de la explosión… pero seguro que a nadie se le había ocurrido pensar que el trío iba a volver a hacer de las suyas (cómo se les echaba de menos…); que iban a coger prestado a un pobre cadáver, que le iban a cortar un dedo a Lucas, y que Paco iba a entrenar sus habilidades odontológicas… esto es sólo digno de ellos, ni operativos planeados con antelación ni leshes, sustracción, suplantación, manipulación de pruebas ¡y punto!

Aunque debo decir también, que en una cosa no me he equivocado. Sabía que la reacción de Sara al mirar dentro del coche y ser empujada forzósamente en él, no podía ser otra que la de soltar, inicialmente, todo el dolor que había sentido en las últimas horas, en forma de reproche, de llanto, de rabieta si me apuráis... Para describir este momento, tengo todavía menos palabras. Hace demasiado poco que ha sucedido, tengo todavía poco material para recordarlo y poder exprimir todo lo que os merecéis que os cuente.

Mañana será otro día... otro día en el que por fin podremos mirar adelante sin temores, y soñar en cómo se harán realidad todas las imágenes de Sara y el futuro...

martes, 16 de septiembre de 2008

Los dos entierros de Lucas Fernández (contiene spoilers)


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(con Firefox da problemas)

Una melodía conocida de sobras por todos nosotros le pone música a uno de los momentos más tristes de los que estamos invitados a presenciar. El oficial, con el uniforme de gala de la policía, le entrega la bandera del ataúd de Lucas a Mariano y él decide sabiamente entregártela a ti, a su viuda, junto a las pertenencias que tenía Lucas en comisaría. Seguramente son cuatro trastos que de poco te van a servir, nada te podrá devolver lo que has perdido en esa maldita explosión... nada, sólo es una triste caja de cartón que sin ninguna clase de romanticismo... sin ninguna delicadez... ha sido llenada de objetos que no sabes si algún día significaron algo para él, o para ti.


Pero entonces decides abrirla, y el dolor que has estado escondiendo decide salir. Quién sabe... puede que se trate de vuestra moneda, puede que sea un frasco con arena de Madagascar, puede que sólo sea una foto de los dos que haga que te cueste respirar al pensar que ya nunca os haréis ninguna más juntos, o puede que sea la señal que estás esperando para terminar de convencerte de que todo ha salido bien...

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Estaremos ahí para verlo.
Recordad que este miercoles es a las 22:00 ;-)

Mi vida con Lucas vol.II

¡Por fin Lucas y yo nos lanzamos a vivir como locos nuestra historia de amor! Cada beso era como el primer beso, cada caricia, como la primera caricia. Si me preguntasen “¿Has sido alguna vez feliz?” solo tendría que cerrar los ojos y acordarme de aquellas mañanas para contestar. Juntos habíamos conseguido dejar atrás ese ruido que no nos dejaba escucharnos. Ahora solo estábamos él y yo, abrazados en la cama, con el único sonido de nuestras respiraciones. Renunciamos a todo: a vivir en San Antonio, a nuestra familia, nuestros amigos… estábamos juntos en nuestro mundo de cristal… hasta que fui a casa. Vi la cara de mis padres y me di cuenta de que los mundos de cristal terminan por romperse en mil pedazos. Me sentí la peor persona del mundo.
Tuve que renunciar a Lucas para que mis padres no sufrieran, para que nadie sufriera. Pero ¿qué pasaba conmigo? Podía engañar a todo el mundo, interpretar el papel de la niña arrepentida y formal, pero estaba más pillada de Lucas que nunca, como una drogadicta a la que solo aliviaba saber si Lucas seguía ahí o no. Lucas era capa de querer más que nadie, pero también de sufrir más que nadie. Para resguardarse del dolor, se rodeó de un caparazón. Nadie podía entrar en esa fortaleza, donde los días que habíamos pasado juntos, no existían, ni nuestros besos, ni las risas. Donde Lucas se alejaba día a día de mi.
Nuestra historia se acabó como una película sin final. A la misma velocidad que Lucas se alejaba de mi, se acercaba a mi padre. Yo sufría sus momentos de exaltación de amistad. Empezó a crecerme una rabia por dentro que me cegó. Era una marea negra que me cubría. Lo que nunca había sentido con Lucas, celos, los tenía hacia mi padre de una manera enfermiza. Y los celos me llevaron a la desesperación… Mi padre y Lucas se dieron cuenta de que yo estaba fatal, que había tocado fondo. Entonces Lucas reaccionó: vino a hablar conmigo y me dejó traspasar el escudo tras el que se escondía.
Ese torrente de adrenalina contagió a mi madre y a las chicas. La Sara de siempre había vuelto. Estaba vacunada contra la tristeza, solo tenía ganas de vivir, de saltar… y así, de la forma más absurda, conocí a alguien con la sonrisa más maravillosa del mundo...
Aitor era una bocanada de aire fresco, muy fresco. Estando con él me sentía como en el medio de dos ventanas abiertas.


En cambio, para Lucas, verme con Aitor era como andar por encima de una hoguera, poco a poco le iba quemando. Eramos como una balanza, si uno estaba arriba el otro bajaba, no había manera de equilibrarla.

Aitor había desembarcado en mi vida y si quería seguir con él y dejar la historia de Lucas atrás tenía que apostar.
Aitor tenia todo lo que se puede pedir a un chico multiplicado por cien. Era divertido, transparente, tierno.
Lucas se dio cuenta y se apartó. No me puedo imaginar lo que sufrió. Pero Lucas es así. Si duele, aprieta los diente y sonríe.

Había imaginado la fiesta de mi dieciocho cumpleaños de muchas maneras, pero no de la peor; y es que todo se torció ese día; y es que en vez de tarta y velas tuve un secuestro; y en vez de celebrarlo en familia, lo celebré con una banda armada apuntándome a la cabeza.

Eso sí, en mi dieciocho cumpleaños recibí el mejor regalo de todos. Ese día me dí cuenta de que cada vez que flaqueara, cada vez que cayera al suelo siempre estaría allí Lucas para recogerme.


Viajar al centro de mis sueños con Lucas era lo mejor que me podía ocurrir. Me lié la manta la cabeza. Llené la maleta de bikinis. Cogí crema solar y un cepillo de dientes. Y ya estaba lista para cambiar de vida y escaparme con Lucas.

Mientras viajaba sola al otro lado del mundo me sentí sola, abandonada, estafada. Tenía la sensación de que había colocado a Lucas por encima de todo. Estaba en todos y cada uno de los capítulos de mi vida, estaba en todos, desde la portada hasta la última página. Sin embargo, yo no era más que un segundo o tercer capítulo para él. Le odié por eso, le odié tanto que mi corazón se separó a miles de kilómetros del suyo. No podía entender lo que había hecho, yo hubiera antepuesto mi propia vida antes de dejarle ir solo.

Resultaba graciosa que cuando nadie daba un duro por lo nuestro, cuando ya ni siquiera podía mirar a Lucas sin echarle algo en cara, mi padre empezara a apostar por nosotros. El mundo al revés.

Lucas estaba infiltrado en un caso en la cárcel. No paraba de llamarme pero yo no quería escucharle. Yo estaba encerrada en otra cárcel más cruel, la del odio y el rencor.

Pero Lucas y yo somos como salmones, siempre a contracorriente, remontando el río, y cuando mi madre, mi padre, Mariano y todos empujaban a Lucas a solucionar lo nuestro, nosotros nos revolvíamos.

Ya tenía dieciocho años, mi familia nos apoyaba. Entonces ¿porqué no volvíamos a encontrar los pies por debajo de las sábanas, porqué no podíamos ser otra vez Lucas y Sara …..te ha cegado pero al final la niebla se fue y acabamos mojándonos los pies en la orilla.


Y es que habíamos estado demasiado contenidos, viéndonos a diario, durmiendo pared con pared, casi oyéndonos respirar. Demasiado tiempo separados, parados en la cuneta. Pero ahora habíamos entrado en una autopista de cinco carriles sin límite de velocidad y con la quinta metida. Juntos hasta el final.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Mi vida con Lucas vol.I

"Lo mejor de los grandes amores, es poder recordarlos..." (la mejor manera de ir abriendo boca).

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Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que no sé ni por donde empezar.
Supongo que por el principio. Los primeros recuerdos que tengo de Lucas son los de mis cumpleaños. Por aquél entonces yo era una niña tímida, y él…un policía repeinado, con cara de niño bueno, que me cogía en brazos cada vez que me veía. Era una especie de primo mayor. Y supongo que con 7 años, yo ya estaba todo lo enamorada que se puede estar de alguien de tu propia familia.
Siete años más tarde el primo mayor se casó con la tía Silvia, y se convirtió en el “tito Lucas”. Y yo, pasé de ser una niña tímida, a niña rebelde. Con 14 años me fugué por primera vez de mi casa, mientras el matrimonio de Lucas empezaba a resquebrajarse.Pero lo más importante de aquellos años, es que poco a poco dejé de ver a Lucas como mi tío. Y eso…ocurrió en su cama.

Y así fue como Lucas empezó a llevar a su sobrina al cole. Pero la verdad es que yo ya no era su sobrina…A partir de ese momento, empecé a jugar con él. Fue un acoso y derribo! Le provocaba continuamente, le ponía en aprietos, y me encantaba verle descolocado… a pesar del riesgo que corría.

A pesar de todo, Lucas mantenía la guardia. Parecía no enterarse de nada, o más bien…no quería enterarse. Así que decidí pasar a la acción y contárselo todo.

Muy pronto encontré la manera de interesarle. Me enteré de que Lucas estaba investigando un caso de carreras ilegales. Entonces conocí al cabecilla de la banda, me fui con él una noche a las carreras, me subí en un coche kamikaze y llamé a Lucas. Sabía que poniéndome en peligro, él vendría a buscarme.

Y eso fue lo que hice. Esperar. Esperar…hasta que un día, cuando Lucas pasaba por un mal bache…Sentí que por primera vez, Lucas se dejaba llevar, que empezaba a ser sincero conmigo y que dejaba de estar a cien mil años luz de mí. Entonces supe que por muy fuerte que fuera Lucas, podría claudicar y que, tarde o temprano, estaríamos juntos. Pero aquella felicidad duró muy poco. Muy pronto mi padre, mi madre y todos los demás empezaron a hacer un ruido ensordecedor alrededor nuestro. Todo empezaba a parecer imposible.

A pesar de todo decidí hacerme las fotos, obsesionada en demostrarle que ya no era una niña. Que la Sara con acné y posters en las paredes había crecido, y que sabía lo que quería. Se las envié para que las viera, con tan mala pata que acabaron en manos de la última persona que quería que las viese: mi padre. Lucas se alejó de mí, y sin quererlo, le mandé directo a los brazos de mi tía Silvia.
Esto me abrió los ojos, y me di cuenta de que ni siquiera Lucas es capaz de pelear 24 horas al día contra lo que siente, contra lo que quiere. Yo intentaba no perder la esperanza. Había conseguido lo más difícil, que Lucas dejase de verme como a una niña. Pero cada día aparecían obstáculos nuevos…Y Lucas no iba a arriesgarse a dar el primer paso. Así que…si él no lo hacía, lo haría yo. Lucas iba a reaccionar aunque fuese a la fuerza.


Entonces Lucas hizo lo que mejor sabe hacer. Apretar los dientes y tirar para adelante.
Luchó con todas sus fuerzas por intentar olvidarse de todo lo que sentía por mí. Y le sentí más lejos que nunca. Pero investigando un caso policial con mi padre acabaron en un furgón frigorífico. Y allí, a 0º, a punto de morir le confesó a mi padre lo inconfesable. Pero lo del furgón frigorífico acabo mal, muy mal. A Lucas le pegaron un tiro por salvarle la vida a mi padre, y estuvo a punto de morir. Pero Lucas es como el corcho, siempre flota. Y al final se recuperó. Lo que no se recuperó fue el buen rollo en la familia. Así que Lucas decidió fingir una amnesia y olvidar todo lo que habíamos vivido juntos. Pensó que era el mejor camino para no hacer daño a nadie. Así que yo también intente olvidarme de él y empecé a salir con otros chicos. Y ahí fue cuando Lucas reaccionó de nuevo. Éramos como dos imanes que están condenados a atraerse, a estar juntos.
Lucas me quería, y sólo era cuestión de tiempo. Y si tenía que esperar a Lucas hasta que fuese una viejita y tuviese los dientes metidos en un vaso de agua, pues le esperaría. Le esperaría siempre. Y entonces empezó nuestra historia de amor. Un amor clandestino, con regalos, y códigos secretos que solo podíamos entender nosotros. Un amor que te traspasa la carne y te sacude por dentro. Un amor…que es el amor de tu vida. Me imagino que todo el mundo sueña con tener una historia de amor así una vez en su vida. Pero Lucas y yo no vivíamos en una burbuja, aislados. Y nuestra felicidad también tenía fecha de caducidad.

Cuando cumplí 17 años, Lucas me hizo el mejor regalo: nuestra primera noche juntos. Todo era perfecto: él, yo…una habitación de hotel y toda la noche por delante. Si hubiese un ranking de chicas felices, el nombre de Sara Miranda estaría por ahí, escrito en neones luminosos. Pero todo se torció esa mañana…Y es que hay mañanas que no deberías levantarte de la cama. Cuando empecé con Lucas ya sabía que a su lado todo era distinto, más intenso. Más salvaje. Pocas chicas pueden contar que en su primera cita acabaron siendo testigos de un asesinato, y en mitad de un caso de corrupción policial. Lo que ni Lucas ni yo podíamos sospechar era que una noche de amor acurrucados bajo las sábanas podía acabar con Lucas enfrentándose a la ley, a sus compañeros. Y, sobretodo, a mi padre.

Y tuve que tomar la decisión más difícil de mi vida. Y le hice mucho daño. Nunca olvidaré la mirada de mi padre. La mirada de un padre que se da cuenta de que su hija le ha desplazado, sustituido. ¿Pero qué podía hacer? Al otro lado me esperaba Lucas. Al otro lado me esperaba… mi propia vida.

Gracias a Kris por la transcripción.

jueves, 11 de septiembre de 2008

“...como una drogadicta a la que sólo le aliviaba saber si Lucas seguía ahí o no.”

Las palabras de Sara del momento en que le pasa “la notita de colegio por debajo de la puerta” me han venido perfectas para titular esta entrada; el primer comentario de capítulo en unos cuantos meses.

Han sido dos resúmenes especiales que como tales, han cumplido a la perfección con su función de recordarnos los mejores momentos, o por lo menos los más importantes, y nos han deleitado con aquellos que no nos cansaremos nunca de ver una y otra vez. Pero una vez más, recordar no es lo único que queda por hacer; recordar una cosa así es sólo ponerse al día para después ser capaz de sacar nuevas conclusiones, como cuando en un examen se te enciende la bombilla cuando pensabas que ya lo tenías todo aprendido, como cuando te lees un libro por segunda vez y te das cuenta de todos los detalles que se te habían escapado.

Quizás no son muchas cosas, quizás es sólo el efecto que causan las voces en off, las narraciones y los cambios de música el que nos hacen ver las cosas de otra forma.

“Contra las cuerdas”, ha empezado con una pequeña decepción para mí; teníamos entendido que iba a ser el propio Lucas el que resumiera esa primera parte de la temporada, pero no, ha sido una voz desconocida, en un tono que al principio me ha parecido no demasiado adecuado para lo que estaba contando (hasta pensé que estaba a punto de decir que “se llevaban un Mazda 6 por el mínimo consumo y el máximo rendimiento”, porque es que la voz era la misma…), pero al final ha terminado por hacerme gracia a mí también con “Al vinal con tanto jueguecito Lucas se lió: el ex de mi ex que a la vez fue su ex”, ¡lo que dio de si esa frase en su día!

Una vez olvidada esta primera decepción, oír la voz de Hugo narrando la historia, de vez en cuando, le ha puesto una bonita nota de color al resumen que a medida que iban pasando los minutos, nos hacía temer que no fuera a revelar nada nuevo, aunque la esperanza estuviera viva hasta el final y algunos esperáramos que terminara con un “cómo me salvé de aquella explosión”; pero no ha sido así, ha terminado con una frase mucho más desagradable para el oído de todos. “El final se acercaba, y lo íbamos a vivir por separado. Y lo peor de todo, sólo uno de nosotros iba a vivir para contarlo”.


¿Pero qué me estáijjj contando, chicos? Qué manera de romper la tan preciada magia que vosotros mismos habéis construido… menos mal que con el tiempo una aprende a hacer oídos sordos a lo que no quiere oír o a lo que sabe que puede que no signifique nada, porque la verdad, una narración desde ultratumba me parecería un tanto inverosímil, y al fin y al cabo… ¿quién es el que lo está contando?

Una cosa de la que me he dado cuenta al ver este resumen es que Lucas no vio pasar su vida por delante de sus ojos en el instante previo a la explosión. Disculpadme si ya se dijo en su día, yo, sinceramente, no lo recuerdo, y de haber sido así seguramente no me habría llamado tanto la atención… Eso me da que pensar; ¿de verdad creéis que obviarían un momento así? Si ya vio su vida pasar en fotogramas en el Yaloví y fue capaz de sentir algo parecido cuando Sara le acarició la nuca… dudo que en este momento fuera a ser diferente. Lo que me extraña es precisamente que no se les ocurriera eso para hacerlo todavía más real.
Otra cosa ha sido que, mientras Sara veía el video que le manda Lucas, han intercalado de una manera mucho más significativa las escenas de "cara, sale bien", justo cuando él insinuaba todo aquello que sabemos que Sara debía interpretar como una señal para seguir adelante con su plan.

La gran sorpresa de la noche, sin duda, ha sido que el capítulo de Mi vida con Lucas, era el volumen II; algunos ya lo habían anunciado, pero parecía imposible que empezaran su emisión cerca de las 12 de la noche y todavía teníamos nuestras dudas. Ha sido muy diferente del primer volumen; para empezar, hemos tenido el inmenso regalo de ver y oír hablar a Hugo y Michelle de la maravillosa historia que están interpretando, algo que para muchos de nosotros no tiene precio. Seguro que a muchos les habría gustado que el momento durara más (me pregunto si sendas entrevistas fueron realmente así de cortas), pero hecho está, y con ello nos quedamos. Lo debo haber dicho ya cientos de veces, pero todo esto, no habría sido lo mismo sin ellos dos, sin el magnífico trabajo que han hecho y que seguirán haciendo (seguro), y por eso todos debemos estarles eternamente agradecidos. Como iba diciendo, el capítulo ha tenido sus grandes diferencias con el primero; ha habido muchas menos intervenciones de Sara, imágenes de ella escribiendo en el diario que con un buen ojo clínico, era fácil ver que eran repetidas, y ha recogido su historia hasta más allá de lo que esperábamos; en mi opinión, justo hasta donde era necesario, un gran momento para finalizar el especial. También es cierto, que en determinados momentos he dudado de si estaba viendo “Mi vida con Lucas “ u otra cosa... sé que es algo que debía pasar, pero precisamente porque “ya pasó”, me cuesta un poco entender qué necesidad había de darle casi el mismo peso en el capítulo… de atribuirle la sonrisa más bonita del mundo, o de regalarle los derechos de autor de “Si cada día”… sin duda, ninguna necesidad, pero estamos ya tan tranquilos con el tema de Aitor, que todo eso es papel mojado.

Las frases de Sara (las bien orientadas), una vez más, nos han hecho ver la historia que nosotros ya habíamos interpretado a nuestra manera desde su punto de vista. En algunas cosas habremos coincidido, en otras no… pero las grandes metáforas quedarán una vez más grabadas en nuestra memoria.


Lucas y Sara eran como una balanza; cuando uno estaba arriba, el otro estaba abajo y al revés, parecía que nada pudiera hacerles coincidir en un mismo punto… pero no os preocupéis (justo ahora que empieza a sonar “What about now” en mi reproductor”), estoy convencida de que la balanza no sólo se ha equilibrado con el tiempo, sino que se ha calibrado de nuevo para que puedan coincidir en un punto más alto de lo que ellos mismos pretendían.

Ha sido un placer ver “cómo volvieron a encontrarse los pies por debajo de las sábanas”, “cómo volvieron a ser Sara y Lucas”, y “cómo la niebla se fue, y acabaron mojándose las pies en la orilla”.

La semana que viene, lo seguiremos viendo… y en esta semana que queda, todavía nos da tiempo a alimentar una esperanza que sigue tan viva como Lucas.