-Venga, uno más, y otro, y otro, ¡Y ya estamos arriba!
-Joder Lucas, a mí me han parecido 12 pisos, ¿y dices que sólo son 3? Además, ¿por qué me has vendado los ojos?
-Ya lo verás, quejica…
-No vamos a llegar a la cena de la pensión y otra vez tendremos que pedir comida china…
-Los de la pensión ya están avisados; no vamos a pasar ahí ni una noche más…
Entonces Lucas le quitó la venda de los ojos a Sara. Ella se quedó atónita. Delante de ella había
una puerta de acero galvanizado con un gran lazo rojo. Lucas miraba encandilado la reacción de su niña… Sara miró a Lucas, sacudió la cabeza como si se acabara de despertar, para quitarse la emoción de encima y dijo:
-¿Me regalas una puerta?- y sonrió.
El cuerpo de Lucas se sacudió por una silenciosa carcajada.
-No, no te regalo una puerta…(se puso detrás de Sara y la abrazó por la cintura, Sara puso sus manos sobre las de Lucas, los dos estaban de cara a la puerta)...te regalo lo que hay detrás de ella…(señalándola)…Porque…todas las princesas deben tener su palacio…y tú eres mi princesa ¿sabes? (Mientras disimuladamente le ponía una llave a Sara en la palma de la mano…)
-¿A sí?- con la voz quebrada…
Sara miró a Lucas emocionada, sin conseguir poner la cara de niña traviesa que pretendía poner por culpa de la emoción…entonces miró la llave que tenía entre las manos. Estaba unida a un llavero de plata en forma de medio corazón, detrás había una L grabada…Sara lo acariciaba con el pulgar mientras sonreía.
-¿Adivinas quién tiene la otra mitad?
Entonces Sara se dio la vuelta de repente dejando que su pelo siguiera el movimiento de su cuerpo. Se quedó a dos centímetros de Lucas, con las narices pegadas.
-¿Con una S, no?
Lucas no pudo decir que sí más que con un leve movimiento de cabeza. Sara le besó con todas sus fuerzas, él le devolvió el ímpetu y con la fuerza de sus labios se dijeron lo mucho que deseaban compartir su vida en su nuevo palacio…
Se dejaron llevar hasta el punto de olvidarse de todo y existir sólo para el otro; a Sara se le cayeron las llaves, el ruido les distrajo, pero no separaron sus bocas sonrientes.
-¿Te lo acabo de regalar y ya lo tiras?
-Cállate tonto…
Sara se agachó a recogerlas.
-Bueno, habrá que entrar…¿no?
-Las damas primero…
Sara metió la llave en la cerradura y la hizo girar, antes de que pudiera abrir la puerta y ver lo que había dentro Lucas la cogió en brazos, Sara rió, él le besó la mejilla y se miraron…Entraron en el loft lentamente, para que Sara lo pudiera contemplar todo con detenimiento…una vez dentro, Lucas la dejó en el suelo. Sara casi no se tenía en pie…era todo mucho más bonito de lo que había imaginado…
Un loft en espacio abierto, pequeño pero acogedor, con un rincón-dormitorio a la derecha y un salón comedor office a la izquierda. Decorado con sus colores favoritos, con el cálido ambiente de un hogar para dos, y en esos momentos, iluminado por un camino de velas que iba a morir en una cama llena de pétalos. Pero eso no era lo más importante, lo mejor era que ahí iban a vivir los dos, ahí iban a compartir sus vidas, sus noches, sus secretos…ahí iban a vivir mil momentos que pasarían a la historia de su relación como sus comienzos, el tiempo de descubrirse el uno al otro y de descubrir cosas juntos, el tiempo de comerse a besos cuando llegaran a casa y no dormir hasta bien entrada la madrugada…
Sin darse la vuelta para mirar a Lucas, Sara recorrió el caminito de velas casi consumidas que él le había preparado con toda delicadeza, y una vez en los pies de la cama, de dio la vuelta. Lucas pudo ver la emoción en sus ojos, el anhelo de que recorriera también él los cuatro pasos que les separaban. Lucas fue avanzando lentamente porque a su paso iba apagando las velas que quedaban en el suelo hasta sólo dejar encendida la última. La cogió en sus manos y se quedó delante de Sara. Con su otra mano le acarició la cara mientras ella le sujetaba la cintura. Le brillaban los ojos, su ilusión iluminaba el cuarto mucho más que esa última vela.
-No puedo garantizarte que vaya a ser fácil; pero te prometo que todos los días de mi vida voy a intentar hacerte la mujer más feliz del mundo…
-¿Sabes? Me convertí en la mujer más feliz del mundo una tarde, en mi cuarto, cuando vi que me mirabas desde la puerta, como si no quisieras irte, y con un pequeño gesto, me dijiste que “sólo me querías un poquito”…Ese día me di cuenta de que me querías de verdad…y de que aunque me costara un tiempo, conseguiría que acabáramos juntos…aquí y ahora, en este instante…en nuestro palacio…

La voz de Sara había ido perdiendo fuerza a medida que avanzaban las palabras, estaba visiblemente emocionada, con una sonrisa de oreja a oreja que hacía enloquecer a Lucas. Él también sonreía, como si le diera la razón (por aquél entonces ya la quería de verdad…). El silencio se apoderó del loft, no supieron qué decirse, sólo se miraban embobados y los dos coincidieron en dirigir sus miradas a la vela que Lucas sujetaba, como si fuera un tercero en discordia, una intrusa…un destello de luz innecesario para amarse y que además, en ese momento evitaba que Lucas pudiera abrazar a Sara…volvieron a hacerse una última mirada de complicidad y Sara asintió levemente con la cabeza, Lucas sonrió, y de un soplo apagó la vela…
La oscuridad no nos permitió ver qué pasó a partir de entonces, tampoco hace falta, sólo nos dejó la posibilidad de seguir imaginando a Sara y a Lucas a oscuras, en su palacio, disfrutando por fin, de la vida que habían iniciado juntos…
Aprovecho para colgaros el video del momento "Yo tampoco te quiero tanto..."; una escena que me encanta:











¿Qué nos vamos a perder?










El sabor acre de los insultos y reproches.













