-¡Joder Paco, es que si no pelo las uvas y les quito las pepitas después me atraganto, me pongo a toser, y termino por semana santa! ¡Que sabes que yo soy de tos fácil, Paco! –contestó Mariano ensimismado en su platito lleno de uvas.
Quedaba menos de media hora para las doce de la noche y en casa de los Miranda ya estaba todo listo para recibir el nuevo año.
-¡Pero bueno!- exclamó Lola- ¿Y Lucas, como que no ha aparecido todavía? – en ese momento, Sara que estaba sentada en el sofá mirando sin demasiado entusiasmo el enésimo especial hortera de Nochevieja de la televisión, levantó la cabeza.
-Pues…. No sé, Lola, nos ha dicho que cenaba fuera y vendría para las uvas…
-Pues a este paso se va a tomar el roscón de reyes, porque lo que son las uvas… - dijo mirando el reloj.
-¿Dónde están las bolsas de cotillón, mamá?
-¡Ay, cariño, tienes razón! Están en el armario de la entrada, cógelas que ya es casi la hora… – Sara se levantó de un salto y se fue taconeando hasta la entradita, los demás se quedaron en el salón preparándolo todo.
Mariano escurrió una mano entre la botella de champán y el salvamanteles y se dirigió directo al plato de Paco, la dieta le estaba matando de hambre…
-¡Leshes! ¡Mariano! ¡Que no te me comas las uvas, que después me falta una y Lola me acusa de comérmelas yo!- en ese momento Lola entró desde la cocina. Paco intentó disimular el tema recolocando su plato de uvas.
-¿Ya estamos comiendo Paquito?
-Que no Lola… que… sólo estaba contando las uvas otra vez…1,2,3…¿lo ves? 12, lo que yo te decía, todo perfecto, mi amor… - Lola le miraba con los brazos en jarras y un rictus un tanto incrédulo en el rostro… no sería la primera vez que a la novena campanada a Paco ya no le quedaban uvas.
-¿Encuentras las bolsas, Sara? – Gritó Lola.
-¡Sí, sí, mamá, pero es que una se ha roto y no encuentro el collar de flores! – Sara estaba de rodillas, ante el armario de la entrada rebuscando detrás de los abrigos donde debía de haberse caído el collar cuando el timbre sonó. Algo en su corazón hizo que un pinchazo la recorriera de arriba abajo, desde cada una de las raíces de sus rizos rubios hasta la punta de los dedos de los pies que esa noche asomaban elegantemente por la puntera de sus sandalias de invierno. Era Lucas, lo sabía.
Sin perder la calma, se puso en pie se recolocó la ropa y se giró dispuesta a abrir la puerta; sabía que los otros darían por sentado que abriría ella, así que la entrada se convertiría, por fortuna suya, en el refugio perfecto para darle la bienvenida a Lucas en una noche tan especial como aquella.
Colocó la mano nerviosa en el pomo y lo hizo girar. Detrás de la puerta, apareció la esbelta figura de Lucas que, vistiendo un traje oscuro, sin dejar de ser informal, con una camisa morada que le daba un toque todavía más moderno, la esperaba con una sonrisa.
-Buenas noches, Sara.
“Sara”, pensó ella… “debe ser la primera vez en años que no me llama Sarita… ¿Significará eso algo?” Acto seguido, Lucas no pudo disimular una rápida ojeada a la vestimenta de Sara. Se había puesto una minifalda negra con un poco de volantillo que estilizaba la ya de por sí envidiable delgadez de sus piernas y las sandalias negras de tacón, no se quedaban lejos de hacer lo mismo. Una camiseta verde oscuro se ceñía a su vientre mientras una chaquetita negra atada debajo del pecho terminaba de coronar lo que esa noche, no era más que el cuerpo de una adolescente frustrada por ser todavía demasiado joven por salir en Nochevieja pero que no había dejado pasar la oportunidad de arreglarse aunque tuviera que quedarse en casa. Al fin y al cabo, que viniera Lucas, ya era un motivo de sobras para ella.
-Buenas noches, Lucas… ¡casi no llegas eh!
-Bueno… - dijo él rascándose el pelo mientras entraba en el piso – es que me han entretenido… pero yo, las uvas, me las tomo en casa, con mi familia – le guiñó un ojo, Sara sonrió.- Y tú, ¿no sales?
No hizo falta que contestara, su carita de pena y la mirada que furtivamente dirigió al salón le hicieron entender a Lucas que, a sus 16 años, para Paco no había Nocheviejas que valieran…
-No te preocupes, princesa – le dijo pellizcándole la nariz – que cuando cumplas los 18, yo te llevo de fiesta donde sea…
La sonrisa de Sara, iluminó hasta el último centímetro de ese estrecho rincón en el que, tal y como ella había previsto, había podido disfrutar de su minuto de intimidad con Lucas.
Apenas hacía un par de semanas que la había rescatado de aquella carrera de coches clandestina en la que su irresponsabilidad adolescente la había metido y todavía no había tenido la oportunidad de darle las gracias a Lucas como él se merecía.
-Por cierto, ¡bonito collar! – le sonrió él mientras se adentraba en el salón. Sara, sorprendida por el comentario se miró el pecho para descubrir, avergonzada, que al encontrar el collar de flores en el último momento, se lo había colocado instintivamente en el cuello en vez de guardarlo en la bolsa.
-¡Feliz año familia! – dijo Lucas entrando triunfante en el salón - ¿cómo estamos? – acompañando la frase de un golpe en la espalda de Mariano.
-¿Pero tú eres gilipollas? – dijo falto de aliento.
-Joder, joder, joder… sí que terminamos bien el año, ¿no? – ironizó.
-Anda chicos, no os peleéis… - dijo Lola ladeando la cabeza – bienvenido cariño, ¡pensaba que no llegabas! –mientras se acercaba a darle dos besos a Lucas.
-A saber dónde ha estado… - bromeó Paco.
-Que ya te lo dije, que tenía que cenar fuera con unos amigos pero les dije que las uvas, las tomaba en casa.
-Así me gusta – dijo Paco dibujando un gesto de obviedad con los brazos – en familia, como tienen que ser las celebraciones… - y aprovechó para tirarle la pertinente indirecta a Sara, ella le miró enfadada.
-Pues sí… - contestó Mariano con la mirada perdida – es una pena que a Inés se le haya inundado el piso y haya tenido que irse al pueblo con sus padres, que si no, habríamos pasado la Nochevieja juntos como solíamos hacer… y este año que parece ser que… - sonrió con picardía – pues que… la cosa va mejor… - Paco y Lucas se miraron, ambos sabían que no había ninguna inundación y que las mejoras a las que se refería Mariano no pasaban de la retirada de la orden de alejamiento - pues quién sabe, a lo mejor en los propósitos de año nuevo se habría encontrado algún que otro plan de futuro para los dos…
-¡Oye! Hablando de propósitos de año nuevo… - sonrió Lola - ¿Ya tenéis los vuestros?
-Pues… pues… - balbuceó Paco – pues sí, Dolores, sí… yo… yo… me he propuesto…lavar el coche por lo menos una vez al mes. – a Lola se le borró la sonrisa – que lo voy aplazando, lo voy aplazando… y vamos, al final voy esperando a que llueva – dijo señalando acertadamente al cielo.
-¿El coche?....
-Sí, Lola, el coche… - ella volvió a su pose preferida de ama de casa reivindicativa: la mano izquierda apoyada en la cadera mientras la derecha, levantaba un dedo índice hacia el que iba a recibir todo el peso del carácter de Lola Castro.
-Pues ya te podrías haber propuesto… a ver, déjame que piense – ironizó – utilizar todos los días las tiritas anti-ronquido que te regalé – Lucas ahogó una carcajada con la mano – comer menos sobaítos en la cama, que me la dejas toda perdida de migas, sacar la basura cuando te lo digo y no por la mañana cuando la cocina ya apesta – Paco se iba poniendo rojo por momentos – llamar más a menudo a tu madre, que la tienes a la pobre abandonada en Marina d’Or, hacerle más caso a mi padre cuando…
-¡Bueno ya vale, Lola! ¡Todos los años igual! – Lucas no pudo contenerse más.
-Si es que es verdad, Paquito… hay que priorizar… - dijo mientras se sentaba por fin en el sofá – a ver, tú, Lucas… ¿has pensado los tuyos…? – Lucas terminó de darle un sorbo a la cerveza que Lola le había dado antes de contestar.
-Pues… es que yo no creo mucho en estas cosas, Lola… yo soy más de… - se rascó la barba… - improvisar durante todo el año. – Sara le miró mimosa… temía que ese comentario se refiriera a su fama de Casanova.
-¿Improvisar? – asintió Lola no demasiado convencida… - ¿y tú, cariño? ¿Qué te has propuesto este año? – Sara tardó unos segundos en reaccionar, se había quedado embobada mirando a Lucas, hecho que no le pasó desapercibido a su madre.
-Pues yo… - se quedó pensativa – bueno, como no puedo proponerme dejar de fumar – bromeó – supongo que me propondré estudiar un poco más y trabajar duro para conseguir mis objetivos – sus ojos azules la delataron cuando se le escapó una mirada fortuita hacia Lucas.
En esos momentos, la estridente sintonía del programa especial de Nochevieja hizo que todos dirigieran sus miradas al televisor. Quedaban 2 minutos para las 12, y debían apresurarse a colocarlo todo. Cada cual cogió su platito de uvas y se fue sentando; Paco y Lola compartiendo sillón, como las buenas parejas, y Mariano, Lucas y Sara en el sofá. Lucas se sacó el móvil del bolsillo mientras sostenía el plato con la otra mano y se dispuso a escribir un mensaje. Todos se quedaron mirándole extrañados, Sara, recuperó su carita de pena.
-Es que si no después se me colapsan las líneas… - se excusó. Paco negó con la cabeza, seguro que necesitaba decirle algo de urgencia a alguno de sus ligues…
-¡Que ya van! ¡Que ya van! – gritó Lola al ver iluminarse el reloj de la Puerta del Sol.
Mariano se apresuró a coger una uva del plato alertado por la advertencia de Lola, pero antes de que pudiera llevársela a la boca, un manotazo de Lucas la devolvió al plato.
-¡Que eso son los cuartos coññio!
-¡Y yo qué sé joder, Lucas! ¡A mí me ha dicho Lola que empezaban y yo…!
-¡Ahora! – gritó Lola.
Todo el mundo se apresuró a meterse la primera uva en la boca, incluido Mariano, que al haberle pillado hablando, tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no atragantarse. Todos parecían defenderse bastante bien, incluso Sara, que de no ser por la pequeña carcajada que tuvo que ahogar al descubrir a su padre mirando la tele con los ojos desorbitados, extremadamente pendiente de las campanadas, habría seguido el ritmo sin problemas.
El nuevo año llegó, y todos se apresuraron a felicitarse. Lola y Paco se fundieron en un bonito abrazo, como hacía todos los años desde que estaban juntos, y dedicaron unos segundos a desear que durante ese año, nada ni nadie les separara. Mariano, por su parte, tuvo que correr a la cocina a escupir las pepitas de uva que se le habían acumulado en la boca, por lo que Sara y Lucas, solos en el sofá, pudieron felicitarse el año los primeros.
Lucas la rodeó con el brazo con una sonrisa en la boca y ella, mimosa, escondió su cabeza bajo su cuello. Se quedaron abrazados unos segundos, hasta que Lucas atinó en susurrar un “Feliz año nuevo, princesa” que a Sara le sonó a gloria. Los besos a sus padres no tardaron en llegar, y Mariano regresó de la cocina secándose la boca con una servilleta de papel. Los móviles empezaron a sonar, parecía que por fin, todo el país se pusiera de acuerdo para hacer algo a la vez. Eran mensajes de Silvia, Don Lorenzo o algún amigo lejano que decidía acordarse de ellos… algunos más esperados que otros, y alguno en particular, totalmente inesperado.
Sara cogió su móvil y lo desbloqueó, “1 mensaje recibido, será Cris” anunció… pero su cara de sorpresa le dejó bastante claro a Lucas, que la miraba fijamente, que a Sara no le supuso ninguna pena que no fuera ella; y es que segundos antes de las 12, Lucas se había asegurado de que el primer mensaje que recibiera Sara en ese año fuera suyo.
“En realidad sí que tengo algún que otro propósito de año nuevo… Feliz año, rubia”
Sara dirigió una sonrisa sonriente a Lucas con la que por fin, pudo agradecerle todo lo que había hecho por ella las últimas semanas. Empezaron el año mirándose el uno al otro, sin tener ni idea de todas las cosas que les deparaba ese recién estrenado 2006. Parecía ser que las insistentes preguntas de Sara en el coche, con las que le hizo ver a Lucas que “si ella no fuera quien es, y si simplemente se cruzaran un día por la calle…” seguramente las cosas serían muy diferentes; seguramente, todo sería como estaba destinado a ser.
Feliz año nuevo




























