lunes, 10 de septiembre de 2007

Pedacitos de una historia soñada...(8)

El secreto de Laura

Laura vivía sentada día y noche en el viejo sillón de pana del salón de su casa, mirando a través de los amplios ventanales. Detrás de ella, los montes la aislaban de una realidad de la que tiempo atrás había decidido dejar de tomar parte, en frente, sólo el horizonte que separa el cielo del Atlántico ponía límites a su imaginación. De día el tranquilo ir y venir de los pescadores de la cala la distraía, de noche apenas unas pocas luces lejanas se mezclaban con el feroz rugir del mar. Sus tristes ojos verdes contaban ya veintiséis inviernos que se reflejaban en el sutil movimiento de su cabellera rojiza y la tersa firmeza de su piel.

Ese domingo, como cada tarde, se sentó a dejar que la brisa la invadiera e inspirara, para poder terminar por fin esa novela que desde tiempos inmemoriales tenia en su cabeza. El último capítulo finalmente había llegado, justo cuando Laura ya no le encontraba sentido a su historia. Cuando apenas llevaba escritas dos páginas se cansó y encendió un cigarrillo con tal de encontrar una postura más romántica que la ayudara a pensar. Quizás era demasiado tarde para la casual visita de las musas; estaba un poco nublado y los ventanales se empezaban a empañar. Así que recostó el viejo cuaderno sobre el brazo del sillón y le dio las buenas noches.

Ese día no pudo dormir; durante un rato dio vueltas por la cama, en un inútil intento de sacudirse el frío que de madrugada siempre se colaba en el cuarto. Más tarde bajó al salón; todo estaba tal y como lo había dejado, pero esa noche sentía algo raro en el ambiente, alguna extraña sensación llamaba a su puerta. Días atrás se había dado cuenta de que esa melancólica clausura que había estado viviendo ya no tenía sentido y, por más que ella lo deseara, Luis no iba a volver. Tampoco era sensato intentar reescribir su historia en forma de novela, como si de ajenos hechos se tratara, cuando sólo era una triste excusa para no abandonar la vida que habían compartido. Lágrima a lágrima había recordado todos los detalles de los últimos años mientras perdía su vista en el mar, esperando que la marea le devolviera lo que el destino le había arrebatado. Pero a fuerza de tanto recordar, se le había olvidado vivir. No encontró mejor cobijo que una vieja manta apolillada, con la que se tapó para poder dormir en el mismo salón, con el susurro de la mar gallega de fondo, que esa noche le pareció una nana.

A la mañana siguiente, el estruendo de un cristal roto la despertó. De fondo se oían las carcajadas de los niños del pueblo jugando alrededor del caserío, como Luis y ella solían hacer de pequeños a la salida del colegio, y también en el capítulo II de su novela. Se levantó de un salto y fue a deslumbrarse con el brillo de las olas. Hacía un día bonito aunque las nubes se acercaban por detrás de las colinas. Al cabo de un rato, acudió al pueblo a comprar unos últimos víveres y aprovechó para mandar una carta, sabiendo con seguridad que el cartero no vendría a recogerla hasta finales de semana. De vuelta a casa, el chirrido de la cadena de la bicicleta la angustiaba, así que redujo la marcha, pudiendo contemplar así mejor el paisaje.

¿Qué había de raro en la novela?, se preguntaba. Había sido fiel a la historia, no había ningún fallo, ningún desajuste, ninguna contradicción, sólo eran ellos dos, jugando a ser mayores al principio, y más tarde, jugando a ser niños. El día a día de una historia que tan sólo ellos dos defendían aunque, al final, el destino no les diera la razón. Pero Laura no tenía ganas de seguir con ello, no quería recordar el final, pues la historia era demasiado bonita para que volviera a terminar así; prefería escribirlo de nuevo. Al llegar a casa arrancó las últimas páginas que le quedaban al viejo cuaderno a la espera de encontrar un destino mejor para ellas y se recostó en el sillón a pensar. De repente el rompecabezas empezó a cobrar sentido: esta vez Luis no se iría para siempre, esta vez sería Laura quien se marchara, quien lo dejara todo atrás sin importarle a quién pudiera herir. No era cuestión de despecho ni de rencor, era el equilibrio que toda historia necesita, el equilibrio que Laura quería para la suya. Así que volvió a su idílica trinchera de novelista y se encerró hasta que se puso el sol.

Tras escribir la palabra fin en las páginas rotas que había arrancado Laura se sintió aliviada, a la par que vacía. Reunió todos los folios que componían la historia y, orgullosa, los colocó sobre la mesa de la cocina. Acabada la novela no supo muy bien qué hacer con ella, así que dejó pasar las horas para meditar a qué dedicarse a partir de entonces. Quizás volvería al pueblo con sus padres, o volvería a empezar de cero, lejos de ahí. Pero horas antes, había mandado ya la carta que determinaba su futuro más inmediato, ya no se podía echar atrás.

Esa misma noche, novela en mano, Laura dejó su casa, descalza y vistiendo tan sólo un ligero vestido que siete años atrás había lucido radiantemente, y ya nadie nunca más volvió a saber de ella.

No fue hasta al cabo de cinco días que el bucólico paraje donde Laura vivía recibió una visita. Era su madre que, asustada y desesperada, gritaba el nombre de su hija por cada rincón de la cala. Adentrándose en el mar sólo se observaban cientos de folios empapados que empezaban a romper su forzoso vínculo para divagar cada uno por su lado. Apenas un par permanecían en la arena, para que la madre de Laura los pudiera recoger, y reconocer la letra de su hija en ellos. La mujer, desesperada, halló en ese guiño del azar lo que Laura ya le había anunciado en su carta. Se marchaba para siempre para poder seguir soñando, para no tener que afrontar todas las preguntas a las que no encontraba respuesta, para no seguir hiriendo a quienes la querían y quienes no podían soportar seguir viéndola vivir así. Sólo el mar sería a partir de entonces su compañero, su único confidente y amigo, como de hecho había venido siendo los últimos años, aunque esta vez la acompañaría en el final de su vida.

La mujer se quedó recordando a su hija sentada en la húmeda arena, rota de dolor, hasta que la marea y el frío la invitaron a abandonar la playa. Por unos segundos, no supo adónde ir, hasta que levantó la vista, y vio el viejo caserío de la familia que, después de tantos años, seguía esperándola con los brazos abiertos. Dentro no encontró más que el nervioso desorden que siempre había caracterizado a Laura, junto a un fuerte olor a incienso. Sus pertenencias estaban esparcidas sin demasiada precaución, excepto el cuidadoso esmero con que estaba colocado un sobre entre los cojines de la butaca de pana. Su madre sólo tuvo que leer el remitente para entender el porqué de toda la historia, pues ella sabía que Laura sólo vivía para recordar a Luis, aquél antiguo novio que había desaparecido sin más. Dentro del sobre encontró una carta con algunas lacrimógenas manchas de tinta aguada.

“Querida Laura,

Han sido muchos los momentos en que he intentado contarte qué ha estado pasando por mi mente en los últimos tiempos. Sólo tú me has servido de ayuda durante este maravilloso tiempo que hemos pasado juntos, y eso es algo que nunca te podré agradecer tal y como te mereces. Pero este agobiante ambiente está pudiendo conmigo. Te escribo sólo a ti porque siempre has sido mi confidente, mi mejor amiga, mi todo, y quiero que sólo tú sepas adónde me marcho. No te sientas culpable, debes estar contenta porque ahora seré feliz, lejos de todos, lejos del mundo, en el hondo mar que cada día visitamos. Recuérdame cada vez que visites la cala, y ten por seguro que hago esto pensando en ti, para que ya nunca más tengas que sufrir por mí.

Los momentos vividos ya nadie nos los podrá robar, y esa vitalidad que tienes te ayudará a seguir adelante.

Te quiero.

Luis”


Con este relato gané un certamen literario en segundo de bachillerato, y eso me animó a seguir escribiendo. Os he querido regalar esta primera historia que escribí por el apoyo que me dais siempre...qué lástima que ya no tenga tanto tiempo como entonces.
Un beso a todos

4 Comments:

Anónimo said...

nuuurr:)

haciiaa muchoo que no me pasabaa
lo sientoo esque e vueltoo
iaa de vacaciones, i no e tenido ni ordenador ni nada! i ia e empezado el cole i buahh..
lo sientoo!
pero aoora que ia estoy aquiii iaa te escribire mmuchiisimo mas amenudoo!
bueno que lo que escribes una vez mas, increiblee!
i quee no tengo mas tiempo!
pero que me paso manyana o hoooy por la nooche ok?

unbesoo guapisima!
=)

Cintia Fernández said...

No me extraña que ganases, tía, NO ME EXTRAÑA. Qué fuerte, qué bonito, en serio, tengo los pelos de puntaaaa, jajaja, madre mía.

Anónimo said...

Es un relato PRECIOSO..y también muy triste.
Yo no suelo escribirte comentarios pero siempre visito tu blog porque me encanta como escribes...haces que me sumerja en la historia completamente...
Los videos que haces también son fantásticos...
Espero que continues creando relatos tan bonitos como este de Laura y Luis!!!

Anónimo said...

es un relato precioso, a mi tp me extraña que ganaras! mis felicitaciones me encanta esta seccion! Soy nueva por aqui y ya estoy super enganchada a tu blog, haces un trabajo magnifico, bueno un saludo!